. . . donde la discreción y la prudencia no tienen cabida y las palabras adquieren la dimensión justa de lo que cada cual esté dispuesto a percibir.

Himno al desacato


Pienso violar todas las leyes,
los órdenes, los ritos, los sistemas.

Voy a treparme a un árbol
y a patear cientos de piedras,
y caminando boca abajo quizá
le vea el trasero a este mundo embalsamado
donde todo lo que brilla apesta…

Quiero robarme un manojo de estrellas,
pintar la luna de verde
y al sol ponerle una careta.

Así, cuando me tomen de la mano
y me lleven a una celda,
cantaré un himno al desacato,
me pondré las rejas en los ojos
y entonces quedarán encerrados los de afuera…

Viviane Nathan, en 'Himno al desacato'
Lienzo de Annick Bouvattier

No diré




No diré que la vida me sonríe,
pero desde hace algunas horas,
he comenzado yo a sonreírle a la vida.


Miguel O. Menassa

Lienzo de Mark-lague

Marlene Ramírez

Me encanta
derribar
el héroe
que levantas
con mi tacto.

Marlene Ramírez, en 'Mi tacto'

Aromas




Ayer fue viernes a pesar de que parecía uno de esos lunes en los que el cuerpo no responde al levantar. 

A las diez el aroma del café cambió. 

Ahora tiene un agradable sabor a chocolate.


D.M.Carlota, en 'Aromas'


*Imagen adquirida de la web, desconozco su autoría

Martin Niemöller

Hoy nos informan (de) que en España hay más de cinco millones de parados

Primero se llevaron a los comunistas
y yo no dije nada, porque yo no era comunista.

Luego se llevaron a los judíos
y a mí no me importó porque no era judío.

Después detuvieron a los sindicalistas
yo no dije nada porque no era sindicalista.

Luego apresaron a los curas,
pero no me importó porque no soy religioso.

Ahora vienen a buscarme a mí.
Pero ya es tarde,
no queda nadie para protestar.



Poema atribuido a Bertolt Brech aunque en realidad lo escribió el teólogo alemán 

Martin Niemöller
*Imagen adquirida de la web, desconozco la autoría


No te rindas




No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterrar tus miedos,
liberar el lastre,
retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,

continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros,
y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,

aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda
y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero,
porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa,
ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas
e intentar de nuevo
celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños.

Porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento.
porque no estás solo, porque yo te quiero.


Mario Benedetti, en 'No te rindas'


Así es la puta vida

Yo también, como Baroja,
hubiese preferido
ser un hombre de acción:

                                    no sé…,

pilotar un mercante, por ejemplo,
o atracar bancos,
o montar una guerrilla en algún sitio,
o, en fin, cualquier cosa,
salir en la tele con el Wanted debajo.

                    Pero no:

ni guerrillas, ni bancos,
ni mercantes, ni guantes, ni hostias.
...
Así es la puta vida.

Karmelo C. Iribarren, en 'Seguro que esta historia te suena'

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*Imagen adquirida de la web, desconozco la autoría

Apoyo

En ciertos momentos es bueno tener a alguien a nuestro lado en quien apoyarnos


Lienzo de Annick Bouvattier

Fanny Hill




John Cleland 
en 'Fanny Hill: Memoirs of woman of pleasure'

'Fanny Hill: memorias de una cortesana' (fragmento)

Novela erótica publicada en Inglaterra en 1748. Escrito como una serie de cartas que Fanny escribe a una mujer desconocida justificando sus actos.



*Imagen adquirida de web, desconozco la autoría




Enseguida supe con quién me las vería: se trataba de uno de esos instrumentos de tamaño justo, cuyos dueños suelen manejar con más destreza que los de medidas más desproporcionadas y difíciles de controlar. Me ciñó fuertemente contra su pecho, mientras dirigía el ídolo hacia su idóneo nicho, tratando de insertarlo, lo que consiguió haciendo descansar mis muslos sobre sus caderas desnudas. Me hizo recibir hasta el último centímetro, de tal guisa que quedé prendida en el eje del placer. Me aferré a su cuello, donde entre sus cabellos oculté mi rostro abrasado por las sensaciones que me embargaban y también por la vergüenza, con mi pecho fuertemente adherido al suyo. Sin renunciar a la unión intermedia, ni abandonar la canalización, me hizo girar una vez en el diván, sobre el cual me tendió y dio comienza a la molienda de placer. Pero, tan provocativamente predispuesto como estábamos por el acicate de las escenas anteriores, no pudimos evitar derretirnos demasiado pronto. No bien sentí el tibio torrente subir por mis entrañas, con toda puntualidad fluyó mi emanación para compartir la momentánea gloria. Pero tenía motivos aún mejores para jactarme de nuestra armonía: al ver que las llamas no estaban apagadas del todo, sino que, cual brasas húmedas, ardían con más fiereza por ese torrente bienhechor, mi ardiente enamorado comprendió mi anhelo. Y cargando su artillería para una segunda andanada, recomenzó la ofensiva con implacable vigor. Complacida en extremo, y agradecida, me afané en ajustar todos mis movimientos a su óptima ventaja y deleite. Entraron en juego besos, caricias y tiernos murmullos, hasta que nuestros goces, cada vez más delirantes, nos arrojaron en un amoroso caos. Al llegar a cierta intensidad, nos hicieron zarpar de nosotros mismos para arrastrarnos a un océano de deliquios sin límite dentro del cual ambos nos sumergimos en un etéreo transporte.
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