. . . donde la discreción y la prudencia no tienen cabida y las palabras adquieren la dimensión justa de lo que cada cual esté dispuesto a percibir.

Fanny Hill




John Cleland 
en 'Fanny Hill: Memoirs of woman of pleasure'

'Fanny Hill: memorias de una cortesana' (fragmento)

Novela erótica publicada en Inglaterra en 1748. Escrito como una serie de cartas que Fanny escribe a una mujer desconocida justificando sus actos.



*Imagen adquirida de web, desconozco la autoría




Enseguida supe con quién me las vería: se trataba de uno de esos instrumentos de tamaño justo, cuyos dueños suelen manejar con más destreza que los de medidas más desproporcionadas y difíciles de controlar. Me ciñó fuertemente contra su pecho, mientras dirigía el ídolo hacia su idóneo nicho, tratando de insertarlo, lo que consiguió haciendo descansar mis muslos sobre sus caderas desnudas. Me hizo recibir hasta el último centímetro, de tal guisa que quedé prendida en el eje del placer. Me aferré a su cuello, donde entre sus cabellos oculté mi rostro abrasado por las sensaciones que me embargaban y también por la vergüenza, con mi pecho fuertemente adherido al suyo. Sin renunciar a la unión intermedia, ni abandonar la canalización, me hizo girar una vez en el diván, sobre el cual me tendió y dio comienza a la molienda de placer. Pero, tan provocativamente predispuesto como estábamos por el acicate de las escenas anteriores, no pudimos evitar derretirnos demasiado pronto. No bien sentí el tibio torrente subir por mis entrañas, con toda puntualidad fluyó mi emanación para compartir la momentánea gloria. Pero tenía motivos aún mejores para jactarme de nuestra armonía: al ver que las llamas no estaban apagadas del todo, sino que, cual brasas húmedas, ardían con más fiereza por ese torrente bienhechor, mi ardiente enamorado comprendió mi anhelo. Y cargando su artillería para una segunda andanada, recomenzó la ofensiva con implacable vigor. Complacida en extremo, y agradecida, me afané en ajustar todos mis movimientos a su óptima ventaja y deleite. Entraron en juego besos, caricias y tiernos murmullos, hasta que nuestros goces, cada vez más delirantes, nos arrojaron en un amoroso caos. Al llegar a cierta intensidad, nos hicieron zarpar de nosotros mismos para arrastrarnos a un océano de deliquios sin límite dentro del cual ambos nos sumergimos en un etéreo transporte.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...