Comenta Javier Villena en su artículo -y así lo titula- que aquella jovenzuela hipermaquillada bailaba como si se tratara de una imitación de Shakira a manos de Cruz y Raya (ahora, José Mota). Movía las caderas a una velocidad superior a la de las canciones que sonaban y doblaba las rodillas hasta que su trasero alcanzaba a tocar el suelo. Con un vestido prácticamente transparente, había conseguido que hubiera como veinte chicos mirando lo que hacía antes de llegar a caerse. Yo, que cuando bailo, debo de ser un cruce entre Leonardo Dantés y Cristóbal Montoro, me quedo en la retaguardia, con un torrente inagotable de reflexiones. Un muermo que, no obstante, no podía parar de prestar atención a aquella escena.