. . . donde la discreción y la prudencia no tienen cabida y las palabras adquieren la dimensión justa de lo que cada cual esté dispuesto a percibir.

Curriculum vitae



Digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera,
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal,
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perro
y que tu sombra,
tu propia sombra,
fue tu única
y desleal competidora.

Blanca Varela en 'Curriculum vitae'
Lienzo de Steve Hanks



Perú y sus poetas

... de lo inexacto me alimento
y toda el agua de los cielos es incapaz de lavar
esta íntima y rebelde herida que soy.

Blanca Varela, en 'Malevitch en su ventana' (fragmento)

Sentirse viva


No he muerto.


Vivo!

Vivir es maravilloso.

(Puede ser hasta inútil, pero es bello)

Es ocupar un sitio bajo el sol...

Un sitio...
y esto del sitio bajo el sol, no es poco.
Vivir es una pasión.
Una pasión tremenda.
Toda ilusión se pierde, se abate, se diluye.
Sólo el hambre y la sed de vivir nos acompañan,
llama voraz, sedienta, inútil.
Única ilusión. Única lámpara
de nuestra noche irreductible.
En el naufragio... sólo su latido...
en la noche su flama turbadora.
Su fuerza. Su posibilidad definitiva.
Crucial. Única.

Vivo!
Esta verdad me exalta y me conturba.
Es septiembre... Y yo... vivo.
Porque vivir no es solamente el hecho
de tener un amigo o un hermano
ni haber el pan con nuestro sacrificio.
Vivir es un esfuerzo apasionado.
Arduo juego. Brutal ejercicio.
Vivir no es sólo la palabra: Vivo.
Ni el pequeño rencor de cada instante.
Ni haber el trigo sin claudicaciones.
Ni sufrir el oprobio con paciencia.
Vivir es muy distinto.
Es sentir la certeza, la confianza,
el ejercicio, la vigencia irrevocable,
la fuerza activa de ser
en acto puro... unísono... inefable.
Sentir el aletazo en flamas
de nuestra propia sangre vengativa
en nuestro corazón indefenso.
Arder... en suma
y dejar que la llama nos consuma.
Y resistirlo con valor,
con dignidad y con dolor,
con sed, con ansia, con ternura,
con amor,
con denuedo
y... y... con miedo.
Puede ser todo esto
o algo más o algo menos.
Puede ser nuestro grito frustrado,
repetido, perdido, sin sentido.
No importa!
Sólo importa estar vivo
en cada instante, en cada movimiento.
(Acto vital de júbilo y lamento)


P.D.
Te recuerdo.
No has muerto. Qué alegría!
Sientes el son del tiempo,
sobre la piel su mordedura fresca, 
en la raíz del ser su sedimento,
su rasguño infalible?
Te recuerdo!
Te recuerdo!
Sufres? Trabajas? Luchas? Te entristeces?
Te recuerdo.
Yo pienso en ti y me pasa por la mente 
como una nube grande el pensamiento. 
(Nadie puede sentir lo que yo siento) 
Vives. 
Esta sola palabra me conforta. 
Ah... y no me olvides 
que estoy aún sobre la tierra hermosa. 

Carmelina Soto, en 'La Carta'
*Imagen adquirida de la web, desconozco la autoría


Crónica de mi misma

Matilde Alba Swann es el seudónimo de Matilde Kirilovsky de Creimer (1912-2000), fue escritora, poeta y abogada.
Fue una de las primeras mujeres que obtuvo el título de abogada en la Universidad Nacional de la Plata, provincia de Buenos Aires. Ejerció la profesión durante más de 50 años con el respeto y cariño de sus colegas.
Una gran mujer que luchó por la defensa de los derechos esenciales de su pueblo.



Y querer merecerme; de veras merecerme.

Revisar mis dispersas escrituras,
mi palabra, revisarme el sollozo,
la garganta,
auscultarme el latido, desollarme,
revisarme las venas, las arterias.
todo el complejo existencial
que asumo.

Revisar mi conducta, mis proyectos,
lo soñado, ensoñado,
lo vivido,
conformarme de nuevo, aun no inscripta,
sin visión, sin recuerdo, sin mentiras,
sin verdades ocultas, temerosas,
sin impulsos,
sin deserción, sin este yo
impreciso.

Revisarme hasta el fondo, descifrarme,
prenderme, saberme, perdonarme,
tanto pude y no hice,
tanto hice febril
a manotazos,
en apremio suicida, lograr algo, dejar
algo, quedarme allí incrustada,
en la trama inicial, impenetrable,
indestructible, quedar, estar,
ser siempre,
y vencer de la muerte,
y de la vida.

Permanecer y ser, por solo acto
de ingerencia en un sino
de criatura.

Despedacé mi carne, carne mía, fatigada
de esfuerzo y sinsabores, me derramé, me di,
me hice guiñapo; al costado de holgura,
fui miseria.


Quise tanto y a tantos, y la tierra,
ese soplo de polvo que me aguarda,
y mi aventura batalladora hecha
de timidez, de inermidad
y miedo.


Estos árboles rudos que me vencen
la mirada, cada vez menos útil, y esta noche
que circunda mis noches y me azuza y me manda
no dormir, y pensar, y sentir frío,
y volver al dolor que hice a un costado.
Yo debo revisarme desde el antes,
descubrir el motivo, causa, impulso, la razón,
el por qué, y el hacia adonde, y el por qué
del por qué de la pregunta.


Ascender la montaña hacia la cima,
y mirarme, un abismo,
en el abismo, y elevarme al azul
por propio esfuerzo apoyándome en mí,
envolviéndome en mí,
desde mí misma,
tirar de mí hacia arriba; tocar siquiera
una sola estrella, una sola, o su fulgor
siquiera, o siquiera seguirla
desnudando
mi vergüenza a su luz. Esta corteza,
que resquebraja
cada vez que pienso,
y estas raíces que me petrifican
bajo la inercia de un planeta
muerto.


Quiero salir maleza a herir caminos,
y punzarme de heridas, ser, de pronto,
este mundo y un próximo intuido,
y recordar, de pronto, un otro antiguo
mundo en seres golpeados que lloraron
mucho antes de mí, y que derramaron
en mi llanto de hoy, su sal y acíbar.

Ser el ánfora quieta de una ignota,
milenaria mansión
sin nada dentro,
y esperando.

Un océano en peces y vitrales, y en suicidas
y barcos milenarios; ser la orilla, el camino
sobre el agua, ser la brújula, el sol rojo
de noche y el marinero que perdió la novia,
la llegada y el puerto, abigarradas
multitudes ruidosas,
y en mí, nadie.

Asomarme a la ardiente boca ígnea
de un volcán que despierta en el incendio,
y saber que soy fuego y quemadura,
que la lava soy yo,
descascarando;
desnudada, sentirme leña al rojo, derramado
mineral,
embistiendo la ladera, burbujeante y hervida.

Merecerme, de veras merecerme;
en cuclillas orar, sin darme cuenta,
porque quiera la entraña de mi madre,
exhalarme a la luz, y ser pequeña,
respirar, prometer, ser la esperanza
para alguien, sin nada más que el hilo,
que amenaza romper de una esperanza.

Merecerme de veras; ya retorno
del altar y del lodo, del sollozo,
del gemido y del canto, de mi propio
funeral, y me escucho como corro
anhelante y jadeante
a mi bautismo

Matilde Alba Swann, en 'Crónica de mi misma' 

Resistiré


Cuando pierda todas las partidas
cuando duerma con la soledad
cuando se me cierren las salidas
y la noche no me deje en paz.


Cuando sienta miedo del silencio
cuando cueste mantenerse en pié
cuando se rebelen los recuerdos
y me pongan contra la pared.


Resistiré, erguido frente a todo
me volveré de hierro para endurecer la piel
y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
soy como el junco que se dobla
pero siempre sigue en pié.


Cuando el mundo pierda toda magia
cuando mi enemigo sea yo
cuando me apuñale la nostalgia
y no reconozca ni mi voz.


Cuando me amenace la locura
cuando en mi moneda salga cruz
cuando el diablo pase la factura
o si alguna vez me faltas tu.


Resistiré, para seguir viviendo
soportaré los golpes y jamás me rendiré
y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, Resistiré...

Innterpretado por Carlos Toro y Manuel de la Calva, 'El dúo dinámico'
Lienzo de Jack Vettriano

He decidido desintegrar el año


El último año he vagado por un camino muy distinto a como lo imaginé en su comienzo, por ello ...

He decidido desintegrar el año
en leves momentos,

enanos,
breves trocitos
de segundos terribles,
unos tras otros,
y tirarlos a la basura del universo,
allí donde van, tarde o temprano,
los recuerdos de nuestra vida.

Al fin y al cabo,
aunque yo no muera,
el año lo hace
por la puerta de atrás.


Jesús R. Peinado, en 'Término'
Lienzo de Annick Bouvattier

Con novio o sin él

Quizá hoy debería escribir algo sobre el "adiós" o, al menos, así lo pensé hacer esta mañana al despertar. Pensé que escribiría que no me gustan las despedidas y que prefiero un ¡hasta luego!, ¡hasta pronto!, ¡cuídate! o un ¡nos vemos!. Escribiría que cuando llega el momento acostumbro a ahogar en un mar de silencio cada una de las letras que componen la palabra. Pero como es habitual desde hace ya más de dos meses he decidido aplazarlo para otro día y escribir sobre regaderas. Perdón, matizo, he decidido transcribir algunos fragmentos del artículo de Ray Loriga publicado ayer en el número 1818 de El País Semanal, su título "Corre, corazón". Leer mas...
La joven F había acumulado tantas flores en sus cuatro balconcitos que la pequeña regadera que tenía ... ya no servía ... era tan pequeña que obligaba ... a ir y venir al baño una veinte de veces cada vez que regaba. ¿A qué tantas flores -le decía su buena madre cuando venía a visitarla-, es que no tienes novio?. La señorita F fingía no prestar atención ... y así día tras día y año tras año, hasta que se dijo: ¡Ya está bien!. Desde que se dijo eso hasta que se decidió a hacer algo al respecto pasaron dos meses, lo cual no es tan raro porque a veces las decisiones se dilatan y se maduran, o se distraen por una cosa o por la otra. Pero una buena mañana ... cogió el monedero y ... "Con novio o sin él, me haré con una regadera más grande". Y dicho y hecho. [...] "Ahora se va a enterar mi madre". [...] Se moría de ganas por probar su nueva regadera, pero como se había precipitado regando por la mañana ... no tuvo más remedio que esperar al día siguiente. [...] durmió intranquila ... pero al despertar ... sintió que el día en lugar de una promesa traía una certeza, y sin desayunar ... se puso a la tarea. ¡Qué diferencia! ... Una vez regadas las flores, se sentó tranquilamente a fumar un cigarrillo y pensó en su madre. ¡A ver qué dices ahora! Después se preparó un té con limón y se dispuso a enamorarse.
Quizá otro día escriba sobre el adios.

Francisco Álvarez Hidalgo


He llegado al confín de la fatiga
y no recuerdo cómo se descansa;
tal vez con abandono lo consiga,
como hoja verde sobre el agua mansa.
Pero quizá me arrastre la corriente
turbando su revuelo mi sosiego;
dormiré los sentidos y la mente,
y la luz dormirá, dormirá el fuego.

Francisco Álvarez Hidalgo, Brevería nº 547
Lienzo de Michael Garmash

La mujer de rojo


Con tranquilidad y en silencio, siguiendo el protocolo habitual de las ocasiones especiales, aquella mañana cubrió la suave piel de su cuerpo con el vestido rojo que tanto la gustaba, escogió para la ocasión los zapatos azules de tacón alto, y con paso firme se dirigió hacia la estación con la decidida intención de subir al tren en busca de la verdad.

Cuando lo vio llegar su mirada se detuvo en uno de los vagones. Sorprendida observó a aquella mujer arrogante y sonriente que por su ventanilla asomaba. Era la misma mujer que días atrás tanto daño la había causado con sus malvadas difamaciones y calumnias. La miró detenidamente durante largo tiempo y fue entonces cuando pudo percibir toda la miseria y mezquindad que habitaba en aquel cuerpo. Sintió lástima de ella.

El tren se puso de nuevo en marcha pero la mujer del vestido rojo decidió no subir. No merecía la pena malgastar un segundo de su tiempo y energías reclamando aquella verdad. El tiempo se ocuparía de ello. El tiempo siempre pone a cada uno en su lugar -se dijo-.

Dio media vuelta y con paso tranquilo emprendió el camino de regreso.

Nell, en 'Una mujer una vida'
Lienzo de Annick Bouvattier

Lágrimas dormidas


Quise dejar las lágrimas dormidas
y despertar sonrisas jubilosas.
Disfracé la tristeza
vistiéndola de alegre danza,
maquillé la mirada
con una sutil línea blanca,
oculté el sentimiento
ahogándolo en un mar de silencio.
Quise dejar las lágrimas dormidas
pero ahora despiertan ...
                                        de su letargada agonía.

D.M. Calota, en 'Lágrimas dormidas'
*Imagen adquirida de la web, desconozco la autoría

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